Decisiones que matan a la empresa familiar

decisiones que matan a las empresas

Un problema recurrente que observo en las empresas familiares es que se toman decisiones de dos formas que suelen pasar factura. La primera de ellas son las que llamo decisiones afectivas, que son aquellas que se toman para evitar el conflicto y que todo el mundo quede contento aunque racionalmente la solución tomada no ni sea eficiente ni rentable.

Por ejemplo, cuando se decide que todos los miembros familiares cobren igual aunque estén desempeñando cargos y responsabilidades totalmente distintas. Al principio todos lo ven justo pero posteriormente comienzan a compararse por  las horas de trabajo de cada uno, exigiéndose unos a otros la misma entrega a pesar de que sus trabajos no sean equiparables. La tensión y el conflicto suele llegar más temprano que tarde produciendo crisis familiares.

Otro ejemplo es cuando en un relevo generacional se ponen a varias personas en un mismo cargo de poder, cada una de una familia, para que todas estén representadas. Si ya a una persona le cuesta trabajo tomar ciertas decisiones de relevancia, cuando son dos o más, ponerse de acuerdo se hace un mundo. La consecuencia grave más evidente es la parálisis que sufre el negocio mientras se retrasan las decisiones, el coste que tiene para la empresa y la desesperación de los demás. Muchas veces acaban haciendo la guerra cada uno por su cuenta con todo el sufrimiento que conlleva.

La segunda forma problemática de tomar decisiones son las que se hacen por votación, algo generalizado que incluso nos puede parecer normal, pero sus efectos negativos suelen pasar desapercibidos porque sus consecuencias no son visibles hasta el medio o largo plazo. Por ejemplo, se suele llegar a la votación cuando no logran la capacidad de ponerse de acuerdo sobre un tema y votar suele ser la única manera de desbloquear la situación. El problema es que la votación significa que unos ganan y otros pierden, y a muchos les cuesta bastante el perder. De hecho, se firman muchos protocolos o políticas que se han decidido por votación pero luego no llegan a ponerse en práctica porque los que perdieron se oponen y no facilitan la implantación de estas decisiones. Consecuencia, mucho papel y poco avance.

Esto mismo podemos observarlo en la política, cuando un gobierno aprueba una ley por mayoría o por rodillo, pero dura lo que dura el gobierno, una legislatura o menos, el siguiente gobierno lo cambia todo. Lo mismo pasa en las empresas.

De aquí que lo más efectivo, aunque lo más complejo, es buscar la toma de decisiones por consenso. Llegar a una decisión, donde no gana el blanco ni el negro, sino un color intermedio que mezcla lo mejor de los dos, es lo que mejores resultados da. Yo no me canso de repetirlo, llegar a acuerdos requiere de más tiempo, de más flexibilidad, de más capacidad de entendimiento, pero es la inversión que más rendimiento da en el futuro. Acepto que si el negocio lo requiere tomemos una decisión por votación para agilizar y desbloquear la situación, pero a sabiendas que una vez eliminada la tensión nos volvamos a sentar para seguir buscando el punto de acuerdo que refuerce la unión y fortaleza del equipo o familia. Las habilidades de comunicación en este contexto son las más valiosas en las que toda empresa familiar debería de invertir, porque de ellas dependen la capacidad de tomar decisiones y de las decisiones el futuro de la empresa.

Ponte en contacto con Víctor Pacheco en el 693 816 444 o envíale un mail a vpacheco@activatalento.com

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