4 errores a evitar con personas con mucho temperamento

4 errores a evitar con personas temperamentales

PREGUNTA. Hola Víctor me llamo Andrés y soy uno de los gerentes de un grupo de restauración. En el Consejo de Administración somos 5 personas y el Director, que es uno de los propietarios, tiene un temperamento bastante fuerte. Es una gran persona pero cuando se platean ideas que él no comparte se cierra, las rechaza y eleva el tono muy rápidamente. La consecuencia es que tendemos a callarnos para evitar la bronca, los problemas no se resuelven, se tarda mucho en tomar decisiones, la relación es tensa e incómoda y me planteo muchas veces mi continuidad en la empresa. Le agradecería me aconsejara cuál es la mejor forma de actuar frente a este tipo de situaciones. Muchas gracias.

RESPUESTA. Hola Andrés muchísimas gracias por tu pregunta. Las personas difíciles, que es como yo las llamo, están presentes en muchas empresas (y en muchas familias) y en consecuencia, es muy importante aprender a tratar con ellas, primero por tu salud, segundo, por tu calidad de vida tanto laboral como personal, y tercero, por el impacto positivo que puede suponer en tu carrera profesional el saber gestionar este tipo de situaciones.

Se trata evidentemente de un tema complejo que requiere de ciertas habilidades pero en este post comenzaremos por lo básico, esto es, identificar los 4 errores más comunes que debemos corregir si queremos tener una mejor relación con este tipo de personas.

Primer error: evitar la comunicación. A nadie le gustan las broncas ni las discusiones porque se sufre y nos hacemos daño, en consecuencia lo natural es evitar este tipo de situaciones. El inconveniente es que evitando el enfrentamiento no se soluciona el problema, sino que se agrava. Menos comunicación implica menos relación, menos confianza y más distancia, por lo que las relaciones se deterioran y desgastan hasta que se rompen. Mi mantra es: la comunicación une, la falta de comunicación desune. La solución por lo tanto no es evitar la comunicación, sino lo contrario, incrementarla pero con más preparación y tacto (no se pueden improvisar este tipo de conversaciones).

Segundo error: tratar de convencerle. Una vez sabemos que la solución está en hablar, la duda lógica está en cómo hacerlo. El error más grave y frecuente frente a este tipo de personas es tratar de convencerlas, incluso cuando no llevan la razón. ¿Por qué? Porque convencer significa querer ganar, querer imponer nuestra razón, no valorar la opinión del otro, y en definitiva esta actitud es la que dispara su reacción defensiva, enciende su agresividad y temperamento y ya tienes justo lo que no querías.

Aunque pienses que el otro no tiene razón, recuerda que nadie tiene la verdad absoluta y cada persona tiene su parte de razón. Si te olvidas de convencerle y te centras en entender la parte de razón que pueda tener, tu actitud será totalmente diferente, te sentirás más relajado, más abierto y será más fácil dialogar.

Tercer error: juzgar sus opiniones. El segundo error era de actitud, ahora hablamos sobre qué decir, o mejor dicho, qué es lo que no hay que decir, me explico. Es muy frecuente que cuando la otra persona te dice algo con lo que no estás de acuerdo reacciones diciendo cosas como: “estás equivocado”, “no tienes razón”, “eso es un disparate” etc. es decir, juzgamos negativamente la opinión del otro. Este tipo de comentarios, si los analizas en frio, son interpretados por la otra persona como un ataque a su razón, como una falta de respeto y provocan su reacción agresiva. Es mucho más efectivo expresiones como: “no lo entiendo”, “no lo acabo de ver” etc. donde hablas de ti y no juzgas a la otra persona. 

Cuarto error: tomártelo personal y entrar al trapo. Por último nos toca hablar sobre cómo reaccionar cuando la otra persona saca a relucir todo su temperamento. El error fácil es entrar al trapo y encendernos nosotros también, entrando al combate de boxeo, y como los niños pequeños, podremos excusarnos en que el otro nos golpeó primero, pero al fin y al cabo caímos en la provocación y entramos en la pelea, lo que significa hacernos daño mutuamente. La frase aquí es “el que te enfada te domina”.

Cuando lo analizamos, solemos entrar al trapo porque nos tomamos en serio y como algo personal lo que el otro nos está diciendo en caliente. Lo que mejor funciona es tratar de verlo con distancia e interpretarlo como la pataleta de un niño. Está furioso y se está desahogando porque no se sabe expresar de otra manera. La reacción más efectiva es mantener la calma y tratar de ayudarle simplemente escuchándolo. Necesita desfogarse y liberar tensión para calmarse. Sin la calma es muy probable que sus palabras y opiniones no tengan mucho sentido, por lo que no tiene sentido, valga la redundancia el creérselas y tomárselas a pecho.

En resumen, no evites la comunicación, no trates de convencerle, no juzgues sus opiniones negativamente y no entres al trapo. Reconozco que es fácil de decir y que requiere de ciertas habilidades y entrenamiento para desarrollar esta capacidad, pero ojo, saber en lo que no hay que fallar puede ser un gran paso.

Como siempre no dudes en contactarme para plantearme de forma privada tus dudas. Gracias y feliz semana.

Ponte en contacto con Víctor Pacheco en el 693 816 444 o envíale un mail a vpacheco@activatalento.com

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